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Cuando el sistema no repara el daño: riders, cuotas no devueltas y altas que bloquean derechos

  • Burocracia Zero
  • 18 feb
  • 3 Min. de lectura

Burocracia Zero es una gestoría especializada en la tramitación ante las Administraciones Públicas. Nuestro equipo procede del tercer sector de acción social, lo que nos aporta una visión diferente y más humana de los trámites administrativos. Entendemos que cada gestión tiene una relevancia directa en la vida de las personas, y por ello trabajamos con compromiso, cercanía y responsabilidad.


Durante años, miles de repartidores de Glovo trabajaron como autónomos. Pagaron su cuota mensual, asumieron riesgos y sostuvieron un modelo que, finalmente, los tribunales declararon laboral. El Tribunal Supremo fue claro: existía relación por cuenta ajena.


Pero cuando la justicia habla y el sistema debe corregir, empieza otra batalla. Y esa batalla no se libra en los tribunales, sino en las ventanillas administrativas.


Desde Burocracia Zero estamos viendo una realidad preocupante que no aparece en los grandes titulares: la dificultad para que la Seguridad Social devuelva las cuotas indebidamente abonadas por quienes nunca debieron estar en el RETA.


La devolución que no llega


Si un trabajador fue considerado falsamente autónomo, la consecuencia lógica es clara: las cuotas pagadas no correspondían. Sin embargo, lo que debería ser un procedimiento ágil se está convirtiendo en un recorrido lleno de obstáculos:


  • Solicitudes reiteradas de documentación ya aportada.

  • Requerimientos técnicos difíciles de entender para cualquier ciudadano.

  • Resoluciones parciales que obligan a recurrir.

  • Meses a veces más de un año sin respuesta definitiva.


Para muchos repartidores, aquellas cuotas representaban un esfuerzo enorme. No eran pagos simbólicos: eran cientos de euros al mes en situaciones económicas frágiles. Ahora, cuando piden que se les devuelva lo que no debieron pagar, la sensación es que deben volver a demostrar lo evidente.


No se trata de una subvención ni de un favor administrativo. Se trata de restituir un perjuicio.


Cuando la Administración reconoce que hubo relación laboral, la reparación no puede quedarse en el papel. Debe traducirse en soluciones reales y rápidas.


trabajador solicitando sus derechos

Altas laborales que bloquean el paro


Pero hay un segundo problema aún más grave y silencioso.


Estamos detectando casos de personas que figuran dadas de alta como trabajadores por cuenta ajena en Glovo, pero que no están trabajando ni percibiendo salario. No han sido formalmente despedidas, pero tampoco están activas.


El resultado es devastador:


  • No pueden solicitar prestación por desempleo porque “constan en alta”.

  • No pueden acreditar situación legal de desempleo.

  • No pueden acceder a ayudas sociales vinculadas a la falta de ingresos.

  • Quedan atrapadas en una especie de limbo administrativo.


Mientras la empresa no tramita la baja y la Inspección no actúa con rapidez, el trabajador queda bloqueado. No trabaja, no cobra, pero tampoco puede demostrar que está desempleado.


Y en ese tiempo, las facturas siguen llegando.


El impacto social que nadie mide


Cuando se habla de Glovo y Seguridad Social, el debate suele centrarse en cifras millonarias. Pero detrás de esos números hay historias concretas:


  • Personas migrantes que enviaban dinero a sus familias.

  • Jóvenes que confiaron en una oportunidad laboral.

  • Padres y madres que dependían de esos ingresos para pagar el alquiler.


La regularización debía servir para proteger derechos. Sin embargo, en algunos casos está generando nuevas barreras.


Desde Burocracia Zero creemos que el sistema no puede limitarse a declarar un error. Debe garantizar que nadie quede atrapado en él.


Si las cuotas fueron indebidas, deben devolverse sin laberintos administrativos. Si un trabajador no está prestando servicios, su situación debe regularizarse de inmediato.


La protección social no puede depender de la capacidad de una persona para enfrentarse a procedimientos complejos o interminables.


Porque cuando la burocracia se impone a la justicia material, el daño no es solo económico. Es también moral.


Y un Estado social se mide, precisamente, en cómo responde cuando reconoce que algo no se hizo bien.


Jose Fernandez, Técnico Superior de Burocracia Zero

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